Hasta el 23 de febrero de 2025
Sobre la exposición
Artista: Celia Herranz
Hacía tiempo que la artista Celia Herranz (Segovia, 1960) no exhibía en una monográfica sus creaciones en tres formatos, pese a que los tres patrones vienen siendo una constante en su proceso creativo: el color como materia en el lienzo, las aguadas en blanco y negro o tintas chinas sobre papel, y la escultura, hecha con volúmenes reciclados.





De Piel, como ha sido titulada la muestra por la artista, es una exposición que recorre a través de estos tres soportes la memoria de esta creadora nacida en Segovia.
“Después de tantos o tan pocos años -mis 64 años-, el paso del tiempo se ha hecho más lento y más reflexivo. Ahora, sí miro atrás; viajo a la infancia y, al mismo tiempo, me observo retrocediendo en el tiempo y veo a la niña asustada por una tormenta que camina y cae al agua hirviendo”.
Así explica Celia Herranz esa relación con el agua, tan presente en su vida y en su obra. Porque de aquella caída en agua hirviendo surgieron sus cicatrices y una cierta aproximación a la muerte, entonces, extemporánea. A partir de aquel momento, Celia construyó un camino lleno de huellas y cicatrices, de surcos De piel.
En esta exposición, su obra se articula en torno a los tres lenguajes artísticos, muy diferentes entre sí, pero explicativos de un solo universo creativo, absolutamente coherente. La honestidad creativa de Celia Herranz aglutina tanto sus esculturas de cristal, transparentes como el mensaje irónico que transmiten, como la pintura matérica de la que están hechos sus lienzos.
Afirma la artista que la pintura es para ella “un vehículo de reflexión”, que le permite alcanzar algo interior. “Un modo de expresar la belleza”. Le interesa recuperar la grandeza de los antiguos y, a través del óleo, de la trementina y las huellas del pincel, recrea esa capa que se asemeja a la PIEL, con surcos, relieves y pequeñas crestas.
De igual manera que el surco arado en la tierra hace que ésta se vuelva fértil, la huella y la cicatriz de la pintura producen en el lienzo un cambio de apariencia, ya que la luz transforma la superficie y este cambio afecta a la percepción.
Celia pinta del natural y lo hace también a partir de sus propios bocetos, tan completos y complejos que son en sí mismos obras de arte. “Cuando veo un paisaje lo observo en todo su esplendor; con entrantes y salientes, con la luz que lo atraviesa, dejando un rasgo, una historia, una cicatriz. Con los años, creo que mi forma de mirar se ha vuelto más clara y la pintura se construye casi como si fuera pintura esculpida”, así explica esta pintura, llena de color profundo y materia, la creadora que desestructura el realismo observado y lo lleva al lienzo con un potente trazo expresionista.





Vidrios y aguatintas.
Las piezas de vidrio y las manchas de tinta hablan y responden a una parte relacionada con el grafismo, con el dibujo y el esqueleto; en definitiva, con su juego con la línea.
Las esculturas son construidas de forma totémica y aluden al movimiento vertical para llegar al centro, a la idea, y estos ´envoltorios` de vidrio contienen memorias. Copas, vasos, envases que sirvieron otros usos. Probar, beber, degustar el vino o el agua. Envases de perfumes que se convirtieron en recuerdo olfativo de un momento. Todo lo que fueron tiene una representación bajo otra aura, nueva vida.
Celia construye personajes que nos observan; echan su anzuelo de pesca al contemplador, guiñan el ojo desde una membrana, aguzan sus sentidos con accesorios de ultra tiempo. Ése tropel de personajes hace que nos preguntemos quiénes somos, cómo vemos, qué somos capaces de apreciar. Se establece un diálogo entre el observador y el objeto de contemplación. Una especie de acto mágico y lúdico que juega a las formas y parecidos.
El contraste entre lo frágil del envase y lo pesado del interior es un aspecto técnico definitorio de su manera de construir la escultura. Es lo que la define como creadora; la contradicción, el juego, la paradoja, el lenguaje imposible.
En las manchas de tinta china habla también de la piel, del papel de seda; de su suavidad y transparencia, como en las piezas de vidrio.
“Podríamos decir que son retratos en dos dimensiones, dibujos de tinta negra que junto con el blanco construyen la imagen y dejan su huella. Arrugas en el papel como a punto de romperse”, refiere Celia en alusión a lo que denomina gráficamente “esqueletos de memoria”.
Celia Herranz ha pasado su vida observando, creando e investigando en lenguajes artísticos que, además, divulga en clases y talleres. Hace mucho o poco – como ella misma alude al paso del tiempo y su memoria- que Celia Herranz formó parte de aquel movimiento artístico que, integrado por jóvenes segovianos, se llamó en los Ochenta Los Novísimos. En el año 2024 de un siglo después, su obra sigue siendo novedosa, innovadora y llena de soltura; todo lo cual, viniendo de alguien con larga experiencia, es una novedad.
Teresa Sanz Tejero.
