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REFLEXIONES SOBRE EL DISEÑO

Reflexiones sobre el diseño. La columna de Luis Montero en Experimenta. Hoy: «El humano disminuido»

Reflexiones sobre el diseño. La columna de Luis Montero en Experimenta - Palacio Quintanar

PALACIO QUINTANAR, centro de innovación y desarrollo para el diseño y la cultura, de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, presenta, con la especial colaboración de Experimenta Magazine«Reflexiones sobre el diseño». Un espacio original de Experimenta Magazine dedicado a las reflexiones e inquietudes de los profesionales del diseño Emilio GilJoan Costa, David Barro, Luis Montero, Eugenio Vega y Teresa Jular.

La columna de Luis Montero en Experimenta. Hoy: «El humano disminuido»

Frente al tan cacareado humano aumentado, ese humano cuyas capacidades son reforzadas por implantes tecnológicos, programas varios y las inminentes modificaciones genéticas, John Sandel propone lo contrario, el humano disminuido, un humano cuyas capacidades son recortadas por otros implantes tecnológicos, programas varios y las inminentes modificaciones genéticas.

Ya no se trata de aumentar la capacidad de proceso, la velocidad de respuesta a nuevos estímulos como las conexiones o los datos o la resistencia física para cumplir con las exigencias impuestas por un mundo poliédrico en constante aceleración y agotador, sino de utilizar esa capacidad de proceso, esa velocidad de respuesta a esos nuevos estímulos o la resistencia física para escapar de un mundo poliédrico en constante aceleración y agotador.

Se trata de utilizar esos avances para aislarse del tecno-mundo, para refugiarse en su propio tecno-jardín.

Una nueva forma de epicureismo.

Un nuevo ser humano que no encuentre su realización incrementando sus facultades para ponerse a la par con la hiperactividad del mundo sino que encuentre su realización aprovechando la hiperactividad del mundo para liberarse de responsabilidades.

Y, frente al aluvión de críticas que tuvo la propuesta por parte de los seguidores de ese humano aumentado, John Sandel se defiende diciendo que no, que su propuesta no es la enésima propuesta tecno-conservadora, otra más del amplio abanico de respuestas contrarias a la intervención tecnológica del humano. No. Su respuesta no implica la no intervención, al contrario: la impulsa. Frente al cyborg que devendría ese humano aumentado, este cyborg devendría en un humano disminuido.

«El verdadero superhéroe, arguye Sandel, no es aquel cuyas capacidades están por encima del mundo para intentar doblegarlo –como nos hicieron creer los Superman, Batman o Ironman de turno–, sino que el verdadero superhéroe es aquel capaz de poner las capacidades del mundo a su disposición para intentar centrarse en lo único que le importa, sea esto su felicidad o su vida afectiva.

«El superhéroe no es el se adelanta al tempo que marca el tecno-mundo, no: ese es su esclavo, obligado a ir siempre por delante de su tiempo. El verdadero superhéroe es el que es capaz de aislarse, inmunizarse del tiempo que impone el mundo y, para ello, usa las capacidades del tecno-mundo contra el propio tecno-mundo. Hace de la tecnología barrera contra la propia tecnología y, refugiado, se dedica a ese jardín íntimo que es su único mundo.»

Pero dado que las capacidades del tecno-mundo no hacen sino crecer, las fronteras de ese micro-jardín no hacen sino contraerse. Si en el  jardín epicúreo una ración de queso y unos amigos constituían el festín pantagruélico, el tecno-jardín se estrecha a medida que avanza el tecno-mundo, porque el festín cada día está más intervenido por las hipercapacidades del mundo. Ni el queso ni los amigos permanecen iguales, sino que en un mundo que lo devora todo, también aparecen aumentados. El queso ya es sintético; la amistad lo será pronto. Y ante el crecimiento insaciable de ese tecno-mundo este nuevo epicureismo proclama el refugio introspectivo del tecno-jardín. Cuanto más crece el mundo más decrece, más se estrecha el jardín. Y cuanto más se estrecha este, más íntimo es.

Pero ese angostamiento del mundo no acaba ahí. La tecnología que transforma el mundo también transforma al humano, al fin y al cabo este es parte del mundo. Será cyborg. Como el queso o la amistad, uno mismo será sintético. La felicidad será sintética; el dolor también. Luego uno será también una continuación del tecno-mundo que hay que mantener al otro lado de la barrera del jardín si queremos que el jardín se mantenga puro. Nos mantega puros. Así, el festín pantagruélico neo-epicúreo culminará cuando ese humano disminuido sea capaz de alcanzar el nirvana maquinal del alejamiento del mundo y de sí mismo que es el modo reserva de energía.

Será el humano disminuido perfecto.

Y tú, ¿aceptarías recortar tus facultades mediante implantes? ¿Crees que un humano disminuido sería más feliz? Estaremos encantados de leerte desde el #DisenéticaExperimenta y @Disenetica en Twitter.

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